Cada creyente tiene un llamado, un plan en su vida y que fue creado con un propósito divino. Pero no se puede dejar a un lado que hay un tiempo en el cual Dios nos prepara. Esto es un proceso que todo hombre y mujer de Dios debe pasar y no puede eludir. A veces, ciertas personas saltan el proceso y, como resultado, terminan en el fracaso y la vergüenza. Hay un proceso que recorrer entre el momento de ser llamado y el de ser enviado.





